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En el eco de tus palabras y en el silencio de tus pensamientos reside el poder de crear y destruir, de elevarte a las alturas más sublimes o de hundirte en las profundidades más oscuras. La clave, siempre, reposa en tus manos.
La confianza se teje con esfuerzo, con hilos de fidelidad y compromiso, así el tejido toma forma con la lealtad y el respeto como pilares. No se logra de la noche a la mañana, requiere paciencia, constancia, esmero y compromiso.
Si te resistes a enfrentar los cambios, todo lo que no deseas se instalará en tu vida y persistirá como un gran obstáculo. Es hora de embarcarte en la tarea más difícil y hermosa que es vivir.
No quisiera olvidar nada más, quiero recordar con alegría, con pasión, con las fuerzas renovadas, pero para eso necesito no olvidar. Requiero fortaleza para reconstruir cada grieta, cada pedacito roto. Me armaré de paciencia, dibujaré en mi cara una sonrisa y dejaré lo innecesario a un lado del camino, para continuar con fe y esperanza porque lo mejor está aquí y ahora.
Con fuerza y pasión bailan al ritmo del viento, mientras confiesan sus deseos más profundos a la orilla. Serpentean una melodía veraniega con aroma a mar y graznido de gaviotas.
La habitación que se puebla de recuerdos desde el primer día de nuestra existencia nos acompaña como testigo de lo que hemos vivido. En la medida que pasan los años se entremezclan y funden en una nebulosa, y sobreviven los que logran aferrarse a nuestra memoria.
Esta reflexión nos acerca a la madurez espiritual, a dejar de tratar de cambiar a los demás y centrarnos en nosotros mismos. Aceptar a las personas como son y que el mundo gira desde su propia perspectiva
La eternidad del momento se produce cuando lo que recordamos sigue vivo y brilla en nosotros. Nuestro tiempo se compone de eternos momentos en los que sin saberlo fuimos tan felices de la forma más sencilla, compartiendo una comida, un beso o un abrazo, o esa charla en la que nos dijimos tanto y resulta tan poco hoy cuando buscamos en esa sensibilidad que nos eriza la piel.
Dejarse sorprender o maravillar por lo más íntimo no es sencillo, requiere de atención, sensibilidad, apertura, y ante todo estar dispuestos a vibrar en la sintonía del corazón
En un charco dos niños han puesto a navegar un barquito de papel. Me traslado sin querer a la más tierna infancia. No tienen prisa más que la de aprovechar este momento indescriptible que albergarán en su corazón como un tesoro por el resto de sus días.
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