Cuando puse nombre a esta reflexión recordaba algunos momentos de mi vida que literalmente he tenido que vivirlos al límite. No digo esto porque estuviera al borde de la muerte o -por el contrario, vivir con el riesgo de estar fuera de la voluntad de Dios. Más bien han sido momentos por los cuales de alguna u otra manera todos hemos pasado, en donde nos ha tocado enfrentar situaciones sobre las cuales no creemos poder sobreponernos.
Una vida al límite es cuando la existencia llega hasta la extenuación siendo empujada por las situaciones que le rodean. Es una condición en la que generalmente se han perdido las esperanzas de encontrar algún alivio. Circunstancias extremas que pueden conducir al abatimiento o aún más, hacia la desesperación. Ocasiones en las cuales no se hallan la salida y que podrían desembocar en la toma de malas decisiones; decisiones que podrían acarrear consecuencias aún más desastrosas y que pudieran conducir hasta la muerte misma.
¿Cuántos de nosotros no hemos sido alcanzados por ese tipo de tribulaciones?
¿Cuántos desiertos hemos tenido que atravesar esperando con ansias la llegada de la ayuda o a lo menos de algún atenuante de nuestra situación?
LA BIBLIA COMO NO LA IMAGINABAS