En una sociedad competitiva como la nuestra, es fácil caer en la creencia de que siempre hay que ganar, tener la razón o sobresalir. Sin embargo, esta actitud puede alejarnos del carácter de Cristo ya que, cuando buscamos imponernos o sobresalir en todo, dejamos de reflejar la humildad de Jesús. Recordemos que el orgullo divide, pero la humildad construye. En la Carta a los Filipenses 2, leemos:
“No hagan nada por orgullo o sólo por pelear. Al contrario,
hagan todo con humildad, y vean a los demás como mejores a ustedes mismos”
Filipenses 2:3 TLA
Dios no nos llamó a vivir compitiendo, sino a amar y servir, y a vivir de acuerdo a Su voluntad y agrado. La verdadera victoria no está en ganar siempre, sino en reflejar a Cristo en nuestras actitudes. Porque cuando vivimos con humildad, servicio y amor, agradamos a Dios más que con cualquier logro humano.