Hablamos en episodios anteriores que como creyentes tenemos al Espíritu Santo que nos guía y acompaña, y que vivir en el Espíritu es vivir agradando a Dios. Pero en contraposición del fruto del Espíritu, se encuentran las obras de la carne, las cuales dan cuenta de un comportamiento pecaminoso y que no está siendo transformado por el evangelio.