Hoy, en un día de tiempo padre e hijo, recordé algo esencial.
Vivimos conectados todo el tiempo…
pero cada vez más lejos de lo que importa.
Pantallas encendidas, mensajes sin pausa
y momentos que pasan frente a nosotros sin ser vistos.
Hasta que un día alguien decide hacer algo distinto:
mirar a los ojos,
escuchar sin interrumpir,
reír sin grabar
y abrazar sin prisa.
Ahí entiende que el verdadero descanso
no está en apagar el mundo,
sino en volver a conectar con las personas.
Porque el tiempo no se mide en minutos,
se mide en presencia.
Y los recuerdos más valiosos
no viven en la nube,
viven en el corazón.
“Desconectarse del ruido es la mejor forma de reconectar con lo que realmente da sentido a la vida.”