Algunos se la pasan quejando de lo mal que están las cosas, del gobierno, de la violencia, etc., y no actúan. No se dan cuenta que tienen el poder de cambiar las cosas y no lo han usado. Y la comunidad los está esperando. Y los necesitados también.
Esta frase es un llamado de atención urgente a la responsabilidad cívica y humana. La queja puede ser una válvula de escape, pero cuando se convierte en un hábito, es una trampa de inacción. Es fácil señalar todo lo que está roto afuera, pero mucho más difícil —y necesario— levantarse para arreglar una pequeña parte.
La queja es pasiva; el cambio es activo. Tienes talentos, recursos y energía que, si se redirigen de la indignación a la acción, pueden transformar tu entorno inmediato. No hagas esperar más a tu comunidad; tu poder ciudadano es la herramienta que falta.
¿Qué queja vas a transformar en una acción solidaria hoy?