Hoy quiero hablarte de algo que no se compra, no se mendiga y no se negocia: la forma en la que te tratas cuando nadie te está mirando.
Porque el amor propio no es una frase bonita para redes… es una decisión diaria. Es levantarte cuando por dentro estás cansado. Es dejar de explicarte a quien no quiere entenderte. Es poner límites sin sentir culpa. Es elegirte incluso cuando extrañas. Es mirarte al espejo y decirte, con honestidad: “yo también merezco mi cuidado.”
A veces creemos que amarnos es sentirnos bien todo el tiempo… pero no. Amarnos también es atravesar lo incómodo: aceptar lo que duele, sanar lo que no se habló, y soltar lo que te apaga aunque todavía lo quieras. Porque quererte no te hace frío… te hace libre.
Así que, si hoy estás en un punto en el que te cuestionas, te comparas o te estás olvidando de ti, quédate conmigo. Respira. Baja los hombros. Y escucha esto con calma: no viniste a esta vida a sobrevivirte. Viniste a construirte.
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