El pueblo de Dios sabía lo que era que lo capturaran y lo llevaran lejos, y anhelar el hogar. Debido a su rebelión contra Dios, habían sido exiliados. Cada mañana, despertaban con ansias de regresar, pero no tenían manera de rescatarse. Gracias a Dios, Él había prometido no olvidarlos y así lo hizo.