En el texto de hoy, Jesús alaba a su Padre porque este ha revelado las cosas de su reino de vida y salvación a los «niños». Jesús nos enseña que para recibir los bienes del reino de Dios hay que ser como un niño, es decir, depender completamente de y descansar confiadamente en las promesas de Jesús. Ser como un niño no es una obra humana sino la obra de Dios.