A veces, el amor propio no se siente como amor.
A veces se siente como pérdida, como silencio, como un cuerpo que no entiende por qué algo que parece correcto duele tanto.
Pero es ahí, justo ahí, donde comienza el verdadero regreso.
No el regreso a la versión que fuiste, sino a la que por fin puede descansar siendo quien es.