En Watchmen no hay héroes, hay un mecanismo perfecto que mide la corrosión de la ética y la plausibilidad del apocalipsis. Su narrativa funciona como un reloj: personajes, saltos temporales, documentos y símbolos encajan con precisión hasta conducir a una sola pregunta. Cuando el mundo está a un minuto de la medianoche, ¿vale más la verdad o la paz?