Existen numerosas evidencias que están a favor de que la vida podría ser un fenómeno probable en el Universo. Por ejemplo, hoy sabemos que existen diferentes vías para la síntesis de los componentes básicos de la vida. También se ha demostrado que la vida es mucho más robusta de lo que se pensaba y puede prosperar en condiciones que antes se consideraban incompatible con su existencia. Por último, existe un fuerte argumento estadístico y es que el número de planetas que existe en el Universo puede alcanzar la inimaginable cifra de cientos de trillones, lo que hace pensar que es casi imposible que no haya vida en alguno de ellos.
Actualmente, y por primera vez en nuestra historia, el ser humano está en condiciones de comenzar a explorar el cosmos. Hemos conseguido enviar misiones a otros lugares de nuestro Sistema Solar y, como resultado de las mismas, sabemos que, aunque de los planetas que orbitan alrededor del Sol, la Tierra es probablemente el único que contiene vida superior, puede haber otros lugares, como Marte o las lunas de Júpiter y Saturno, que quizás contengan vida microscópica. Si nos atenemos a historia de la vida de la Tierra, los microorganismos son los seres vivos que más tiempo llevan sobre ella, así que quizás sea este el tipo de vida más probable de encontrar en el universo. Pero nos queda un vasto espacio por explorar, en alguno de cuyos rincones podría haber vida superior o, incluso, vida inteligente.
Ha llegado el momento de plantear el debate sobre cual en nuestra obligación moral hacia otras posibles manifestaciones de la vida que pudiéramos encontrar en el cosmos. ¿Habría que preservar esa vida a toda costa, aunque fuera microscópica, o podríamos arrogarnos el derecho de explotarla como hemos hecho con el resto de la vida que hay en la Tierra? El dilema es aún mayor si encontramos vida superior con capacidad de sentir o, incluso, vida inteligente. Todo esto será objeto de debate en esta charla.