La celebración de la Resurrección de Jesús nos abre a la esperanza del triunfo de la vida sobre la muerte. No se trata de un acontecimiento puntual, sino que nos invita a nosotros, sus seguidores, a una comprensión dinámica de la existencia: cada día trae consigo una oportunidad para levantarse de aquello que nos estanca, superar lo que nos hiere y reconstruir lo que parecía perdido.