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Es una grave miopía contemplar la vida de la Iglesia como un conjunto de fotos fijas, de tramos inconexos, cuando es realmente una historia que se desarrolla en el tiempo, que se encarna en circunstancias cambiantes, guiada siempre por su Señor que la sostiene, que la recrea continuamente. Ayer el Papa León XIV se arrodilló y oró ante la placa de mármol que recuerda el lugar exacto de la Plaza de San Pedro en que el terrorista turco Alí Agca disparó contra Juan Pablo II hace 45 años. El mundo ha cambiado mucho en estos años, es verdad, pero aquel acontecimiento nos recuerda dos cosas: que el Sucesor de Pedro siempre será físicamente vulnerable frente al poder del mal, que siempre está, en ese sentido, desarmado; y que Jesucristo, Señor del cosmos y de la historia, como le gustaba decir al Papa Wojtyla, no abandona a su Iglesia a esos poderes. Incomprensiblemente, la bala que penetró en el abdomen del Papa, disparada por un sicario bien avezado, no acabó con su vida, y hoy está engastada en la corona de la Virgen de Fátima.
Si ayer recordamos ese momento dramático, hoy tenemos ocasión de hacer memoria de otro acontecimiento significativo. León XIV ha sido recibido hoy con todos los honores en la universidad romana de La Sapienza, cuyo claustro y algunas asociaciones de alumnos impidieron la visita de Benedicto XVI hace 18 años. Es fácil imaginar el dolor que supuso para un universitario como el Papa Ratzinger aquel rechazo. Sin embargo, nos dejó un discurso para la historia. “¿Qué tiene que decir el Papa en la universidad?, se preguntó entonces Benedicto: “no debe tratar de imponer a otros la fe, que sólo puede ser donada en libertad… tiene la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios”. Eso es lo que ha hecho hoy León XIV invocando a su maestro San Agustín: “no somos materia fruto de la casualidad dentro de un cosmos mudo, ¡somos un deseo, no un algoritmo!”. Un deseo que sólo puede colmar el Infinito. La historia sigue, y la nave va…".
By COPEEs una grave miopía contemplar la vida de la Iglesia como un conjunto de fotos fijas, de tramos inconexos, cuando es realmente una historia que se desarrolla en el tiempo, que se encarna en circunstancias cambiantes, guiada siempre por su Señor que la sostiene, que la recrea continuamente. Ayer el Papa León XIV se arrodilló y oró ante la placa de mármol que recuerda el lugar exacto de la Plaza de San Pedro en que el terrorista turco Alí Agca disparó contra Juan Pablo II hace 45 años. El mundo ha cambiado mucho en estos años, es verdad, pero aquel acontecimiento nos recuerda dos cosas: que el Sucesor de Pedro siempre será físicamente vulnerable frente al poder del mal, que siempre está, en ese sentido, desarmado; y que Jesucristo, Señor del cosmos y de la historia, como le gustaba decir al Papa Wojtyla, no abandona a su Iglesia a esos poderes. Incomprensiblemente, la bala que penetró en el abdomen del Papa, disparada por un sicario bien avezado, no acabó con su vida, y hoy está engastada en la corona de la Virgen de Fátima.
Si ayer recordamos ese momento dramático, hoy tenemos ocasión de hacer memoria de otro acontecimiento significativo. León XIV ha sido recibido hoy con todos los honores en la universidad romana de La Sapienza, cuyo claustro y algunas asociaciones de alumnos impidieron la visita de Benedicto XVI hace 18 años. Es fácil imaginar el dolor que supuso para un universitario como el Papa Ratzinger aquel rechazo. Sin embargo, nos dejó un discurso para la historia. “¿Qué tiene que decir el Papa en la universidad?, se preguntó entonces Benedicto: “no debe tratar de imponer a otros la fe, que sólo puede ser donada en libertad… tiene la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios”. Eso es lo que ha hecho hoy León XIV invocando a su maestro San Agustín: “no somos materia fruto de la casualidad dentro de un cosmos mudo, ¡somos un deseo, no un algoritmo!”. Un deseo que sólo puede colmar el Infinito. La historia sigue, y la nave va…".