Y te diste cuenta que no estabas lista para amar y que hay personas que llegan a tu vida y te tocan los axones. Te das cuenta que amar con miedo de perder algo que nunca ha sido tuyo, es como tener sed, beber agua, sin poseer un estómago que la lleve al cuerpo. Con el tiempo seguirás amando, pero tus células estarán tan deshidratadas que el otro solo verá en ti, huesos y desesperación. Y aunque ames y las células del tuétano griten amor, solo verás como mueren tus músculos, tus órganos y tus sentidos. Comenzarás a temblar helada, balbuceras y escupirás miles de palabras por segundo, entrarás en el infinito laberinto espiral de tu tráquea. Cuando tus músculos no puedan flexionarse más y estén entumecidos la palabra se volverá abundante titubeante, chalada, esquizofrenica, perturbante, maníaca, nauseabunda, hasta producir emesis y aberraciónes a quien está frente a ti. Verás como suelta tu mano, pero no podrás culparlo, porque aún en tu estado moribundo reconoces que sería difícil reconocer el amor que habita dentro de un fósil. Sigues... y cuando los huesos caen al suelo y la piel se hace trizas, reconoces que no estás lista para amar... Porque quien está frente a ti, no te ama, pero agradeces amar y bendices a quien amas, aún cuando te conviertes en cenizas, que se las lleva el viento.