YO LOS MALDIGO
A la hilera de caballos que pisotean mi alma
con sus cascos en mi frente y las crines en mi boca,
callándome por si canto,
por si mis manos le tocan los rayos a las estrellas,
por la luz que de los muertos amanezco tras los gritos
Mudos, sordos, que trastocan los colores de la vida
en ese espacio pequeño donde ya ha muerto mi Dios.
Yo quisiera ver enjambres de besos y de caricias,
ver sonrisas, no la sangre que vierto por mi garganta,
no verme envuelto en la manta
que me sirve de mortaja,
escapar por esa raja que de dolor me da el cielo
entre las nubes escasas hambrientas de ese silencio
que da la paz de los muertos
cuando se duerme el desierto.
Animales que destrozan la riqueza de los tiempos,
el saber, las alegrías, las miradas ya perdidas
entre despojos del viento.
¿Dónde está la voz que dicen
ha hecho nacer serpientes,
que envenenan la creación
en las manos de inocentes?
¿Dónde los ríos de escarcha que jalonan los caminos
hacia un sol que me alimente?
¿dónde el ángel que le rompa el ritmo a los altares
y que se lleve a millares las espadas que atenazan
que asesinan, que amordazan
que no aman la poesía?
¿Dónde escondió la ambrosía de la tierra prometida?
¡ si esa tierra es dolorida por el dolor de nacidos
que no debieron nacer!
yo que nací casi ayer,
no vivo para contar
más que lágrimas de amor,
las que hube de tragar sin casi poder gozar
de la leche de mi madre la que yace junto a mi
a la que no pude amar.
Chema Muñoz.