La Democracia pretende que las decisiones políticas se tomen en beneficio de las mayorías que eligen a sus mandatarios. Sin embargo, en Ecuador como también en otros países, gobiernos inclusive elegidos legalmente, concentran el poder en un pequeño grupo social que favorece sus propios intereses, en perjuicio de la mayoría de la población. Y esto se da en gobiernos de derechas como de izquierdas.
Los grandes sectores e intereses sociales deben ser representados por los partidos políticos, que con distintas visiones sobre la realidad aplican las políticas y acciones necesarias para lograr el país propuesto en su plan de gobierno. Partidos que conscientes de las necesidades populares y con soluciones eficaces y factibles para esos problemas, deben proponer candidatos coherentes, sin rabo de paja y con la capacidad necesaria para el cargo. La Democracia permite que la opinión del pueblo se oiga en los estamentos de poder, razón por la cual se requiere de partidos políticos sólidos, coherentes, transparentes y representativos. Ecuador, como otros países de América Latina, va perdiendo el sentido de la Democracia, expresado, entre otras manifestaciones, en la degradación de sus partidos políticos: la gran mayoría son inestables, dependientes de un caudillo, huérfanos de una militancia activa, sin formulaciones ideológicas claras y consistentes, carentes de representatividad y legitimidad y muy dispersos, que buscan alcanzar alguna dignidad eleccionaria para desde ahí gestionar sus propios intereses y ambiciones.