En sí mismo, el interés privado no es malo, pero, incluso en las empresas, debe equilibrarse con el bien común. Si ello es necesario en cualquier sector vinculado al mercado (sean bancos, industrias o servicios) para conseguir una convivencia social armónica y pacífica, resulta imprescindible en la política. Sin embargo, desde que se instaló la Asamblea Legislativa actual, en el primer semestre de 2018, los diputados exhiben una tendencia exagerada a hacer primar el bien privado sobre el público. Por ello, esta Asamblea nos muestra uno de los peores escenarios legislativos del siglo XXI. Algunos casos lo demuestran con claridad.