Alza su mirada hacia un árbol de mangos, uno de muchos que tiene en su parcela. Se muestra triste porque dejará su casa y sus terrenos. No es para menos, José Erme Martínez tiene 64 años y 20 de vivir en el cantón Flor de Mangle, en La Unión. La construcción del Aeropuerto del Pacífico lo obligará a desplazarse, aunque no quiera.
Tiene dos parcelas, la suya y la de su esposa. Juntos han logrado construir su casa y cultivar la tierra, de eso viven, dice José. Siembra sandías, mangos y otras frutas para venderlas en el centro de La Unión. Pero ahora la incertidumbre de no saber hacia dónde los trasladarán a raíz de la construcción del aeropuerto, lo tiene preocupado.
Es presidente de la cooperativa del cantón y cuenta cómo les costó pagar su propiedad. Es por eso que la noticia del desalojo, y la falta de una propuesta clara de parte del Gobierno sobre el pago de sus tierras, le incomoda.
“Sería empezar de cero”, dice José, si es que el Gobierno cumple la promesa de comprarles otras tierras para sus cultivos. Flor de Mangle, el cantón donde vive, es uno de los afectados por la construcción del Aeropuerto del Pacífico. Condadillo, Llano Los Patos y El Embarcadero, son otros caseríos donde se prevé que los habitantes sean desalojados.
Lo que más siente es perder sus árboles frutales. El temor aumentó cuando empleados del Gobierno pasaron midiendo su terreno y enumerando los árboles que hay en su propiedad.
Aunque les han hecho promesas de comprarles las tierras y construirles nuevas viviendas, José no está seguro de que el precio por unos terrenos que le costó pagar, llegue a ser justo. Pese a su evidente tristeza por dejar su hogar, dice que no se opone a marcharse, si es que el Gobierno le reconoce su esfuerzo y su trabajo de tantos años.