La resolución, que fue firmada por la arquitecta Maria Isaura Aráuz Quijano, directora general de Patrimonio Cultural y Natural en ese año, recomienda que la nueva construcción crezca en dimensiones, y se amplíe la parcela actual hasta completar la manzana para tener un novedoso y moderno sistema documental y bibliográfico. Sugiere, además, ampliar la construcción a los terrenos propiedad del Banco Hipotecario de El Salvador, de la Compañía General de Seguros, S.A y las propiedades de los ciudadanos José Roberto Polanco Flores, Oscar Nelson Flores Rivera y Carlos Mauricio Samour Valle. Pero en ninguna parte de la resolución se avala una demolición.
La edificación que se planea demoler tiene un valor simbólico y cultural, además se trata de uno de los primeros exponentes de la arquitectura internacional o racionalista en el Centro Histórico de San Salvador. Esto puede apreciarse por su forma geométrica simple, y sus materiales de acero, hormigón y vídrio.
Representa también un punto de referencia en la tecnología de la construcción, ya que es el segundo edificio después del Palacio Nacional construido con estructura metálica y es el primer edificio en que se utilizaron escaleras mecánicas en El Salvador.
Según el arquitecto Aguilar, el edificio cuenta con estándares de protección nacional e internacional por su riqueza arquitectónica. Pero esas características que le dan el valor cultural no se están respetando. Según el arquitecto, antes de demoler una estructura de alto valor debe hacerse un estudio técnico que evalúe las condiciones de la edificación. Debe realizarse todo un estudio con un ingeniero estructuralista – enfatizando - que no es una estructura común y corriente, dijo Aguilar.