Y es que todo este daño sucede porque “Los Agrotóxicos” no fueron inventados para la agricultura y no fueron solicitados por los agricultores, son un producto de la guerra.
En la Primera Guerra Mundial Alemania fue bloqueada y los aliados prohibieron la importación del salitre chileno y otros abonos nitrogenados que podían utilizarse en la fabricación de explosivos.
Cuando terminó la guerra los alemanes tenían un enorme stock de nitratos, que ya nadie quería.
La industria química los recicló y se los impuso al agricultor. Así nacieron los abonos nitrogenados. La agricultura fue una especie de basurero para la industria de la guerra.
Como producto de la guerra ellos fueron creados para matar al hombre, para destruir sus plantaciones, no para hacer beneficio a la humanidad, dicen los ecologistas y agricultores.
Cuando explotó la primera bomba atómica, en el verano de 1945, viajaba en dirección a Japón un barco americano con una carga de fitocidas, suficientes para destruir el 30% de las cosechas.
Más tarde, en la guerra de Vietnam, estos mismos venenos, con otros nombres tales como “agente naranja”, sirvieron para la destrucción de decenas de miles de kilómetros cuadrados de bosques y de cultivos.
De esta forma dicen los miembros de la mesa por la soberanía alimentaria, es que los productos agrotóxicos en el caso salvadoreño son responsables de la intoxicación directa de 1 de cada mil salvadoreños por año, lo que supone 94,6 por ciento de casos de intoxicación por cada cien mil habitantes, cifras que no tienen en cuenta el impacto de los plaguicidas para la proliferación de enfermedades como el cáncer y anomalías congénitas.
Luis González de la UNES, señala que en el país pese a las amenazas, el gobierno actual y empresas productoras de estos venenos han creado alianzas.