Este audio examina el proceso de adquisición y veneración de la reliquia de San Atilano en Tarazona, destacando cómo este evento consolidó la identidad local y se alineó con las prácticas devocionales de la Contrarreforma. El texto también ofrece una interpretación del logo del evento, relacionando elementos visuales como el color rojo, el corazón, la cruz, las gemas y el as de picas con los conceptos de sangre, pasión, catolicismo, relicarios y la mortalidad.
Esta obra, editada por la Universidad de Zaragoza, explora la significación histórica, artística e identitaria de las reliquias a través de diversas épocas. Los ensayos abordan temas desde la antigüedad hasta la edad contemporánea, incluyendo análisis sobre el culto a los héroes, la devoción a los mártires, y el uso de reliquias en la afirmación de identidades locales.
El caso de San Atilano, obispo de Zamora y patrón de Tarazona, es un ejemplo claro de estos procesos, ilustrando cómo la consecución de su reliquia fue un episodio de afirmación local. Este proceso se desarrolló en tres fases principales:1. Fase «literaria» (gran parte del siglo XVI): Esta etapa se caracterizó por la difusión de los legendarios áureos. Inicialmente, las fuentes medievales y los libros litúrgicos de Tarazona no mencionaban a San Atilano. Su vida apareció por primera vez en las ediciones más tempranas de la Leyenda de los Santos (Flos sanctorum) de 1520-1521, donde se le situaba en un monasterio cerca de Tarazona. Sin embargo, hubo confusiones, como la errónea identificación de su lugar de nacimiento como "Tarragona" en reimpresiones posteriores del Flos sanctorum nuevo de Alonso de Villegas. A pesar de esto, su presencia en el arco efímero erigido para la entrada de Felipe II en Tarazona en 1592, junto a los patronos diocesanos «viejos», San Prudencio y San Gaudioso, aunque en una posición secundaria, sugiere un incipiente reconocimiento de su origen local.2. Fase de «descubrimiento» del origen turiasonense y estrategia para obtener la reliquia (finales del siglo XVI): El impulso decisivo para el reconocimiento local de San Atilano fue la publicación en 1596 de la Historia de las grandezas de la muy antigua, e Insigne ciudad y Iglesia de Leon de fray Atanasio de Lobera, que lo identificó explícitamente como natural de Tarazona. Esta obra caló entre las élites de la ciudad, evidenciado por el primer uso del nombre "Úrsula Atilana" en 1597. A partir de este momento, el municipio y el cabildo catedralicio unieron esfuerzos para obtener una reliquia del santo y convertirlo en su patrón. ◦ En 1598, se solicitó al rey Felipe III que intercediera ante la catedral de Zamora para obtener la reliquia, sin éxito. ◦ En 1617, el concejo de Tarazona tomó el acuerdo de celebrar la fiesta de San Atilano el 5 de octubre (fecha de su natalicio) y lo votó como patrón de la ciudad. Esto se hizo con la esperanza de encontrar en él un intermediario ante Dios para mitigar calamidades como plagas, granizos y nieblas que afectaban las cosechas, y para propiciar lluvias adecuadas. ◦ Ante la ausencia de la reliquia, en 1620, los ediles encargaron un busto de plata del santo [26, Figura 2], realizado por Claudio Iennequi y finalizado en 1621. Este busto buscaba equiparar a San Atilano en rango con los patronos del Obispado, San Prudencio y San Gaudioso, que ya contaban con sus propios bustos relicario [27, Figura 3]. La primera reliquia tangible en llegar fue un fragmento de la tela de tafetán carmesí que envolvía el cuerpo del santo, cedida en 1630. Paralelamente, en Zamora se realizaron obras de remodelación en el relicario y las urnas que custodiaban los cuerpos de San Ildefonso y San Atilano entre 1617 y 1623.3. Fase de la llegada de la reliquia a Tarazona (1644): Tras un largo periodo sin éxito, la estancia de Felipe IV en Zaragoza en 1642 impulsó un nuevo intento diplomático. ◦ El 20 de noviembre de 1643, el rey envió una misiva al cabildo de Zamora solicitando la reliquia para Tarazona.