Un nombre nacido de una broma, un barrio al final de la línea del metro y una conciencia con forma de armadillo. Zerocalcare convirtió la precariedad, la culpa, la amistad y la memoria en una obra donde la duda no se resuelve: se dibuja. Entre Rebibbia, Kobane y Netflix, Michele Rech construyó un universo íntimo y político a la vez. Sus viñetas no ofrecen redención, pero sí algo quizá más raro: la certeza de que no estamos solos dentro de nuestra propia incertidumbre.