No siempre podemos elegir las circunstancias que vivimos. Hay vientos que cambian sin pedir permiso y tormentas que aparecen cuando menos las esperamos.
Pero, así como un navegante aprende a orientar sus velas, nosotros también podemos aprender a dirigir nuestra actitud, nuestros pensamientos y nuestras decisiones.
Quizá el verdadero poder no consiste en controlar lo que sucede... sino en responder con sabiduría a aquello que la vida pone frente a nosotros.