En Daniel capítulo 3, vemos que Nabucodonosor edifica una estatua de oro (representándolo a él mismo) y exige que todos la adoren, y si no, morirían en un horno ardiente. Por alguna razón, Daniel no está presente en este capítulo, pero sus amigos, rehúsan hacer esto, son echados en el horno y Dios los rescata. Nabucodonosor está impresionado, sin embargo, no totalmente cambiado, como veremos en el próximo capítulo.