Este episodio es diferente a todos los anteriores.
Esta semana hemos perdido a nuestra madre. Y en los ocho días que pasamos en el hospital, y en la mañana en que nos dejó, vi a mi hermano David hacer algo que no encuentro en ningún libro de liderazgo.
Sin cargo formal. Sin que nadie se lo pidiera. Sin una mala cara ni una sola queja en ocho noches durmiendo en el hospital.
En este episodio cuento lo que David hizo y lo que aprendí de él. Sobre hacer equipo antes de que llegue la crisis. Y sobre lo que significa confiar en quien lidera cuando la situación no tiene manual.
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Hoy además aconsejado por quien sabe que la lectura puede quedarse en un lugar más profundo de nuestro subconsciente puedes también leerlo a continuación.
Bienvenido al trabajo real del líder, un podcast para quienes entienden que liderar no consiste solo en dirigir, sino en desarrollar personas capaces. Aquí hablo de liderarlo de forma clara, directa y práctica, porque liderar no es solo realizar trabajo, liderar es crear entornos donde las personas pueden dar lo mejor de sí mismas. Soy Enrique Martínez y este es el podcast El Trabajo Real del Vida.
Este episodio es diferente a todos los demás, a los anteriores que he ido locutando en estos meses. Hoy no te voy a hablar de una idea de liderazgo que he leído o que he estudiado. Te voy a contar algo que he vivido esta semana.
Como te habrás enterado, porque lo he publicado estos días. Hoy hace una semana que falleció nuestra madre.
Ha sido una gran pérdida que llevábamos tiempo preparando, de muchos modos.
Nuestra madre tenía demencia senil con cuerpos de lewi, una enfermedad muy dura que en los últimos tres años la ha ido alejando poco a poco de nosotros. No un alejamiento querido, sino un alejamiento provocado por esa enfermedad.
Los últimos ocho días además los pasó inconsciente en el hospital. Y en estos ocho días y en la mañana que nos dejó aprendí algo sobre el liderazgo que no encuentro en ningún libro.
Lo aprendí de mi hermano David. Desde el primer día David ha asumido la interlocución con médicos y enfermeras. Y no porque nadie se lo pidiera, sino porque vio que era necesario y lo hizo.
Junto a nuestro hermano pequeño, que ya no es tan pequeño, se quedaron a dormir en el hospital durante ocho noches, las ocho, sin protestar una sola vez, sin una sola mala cara, sin que ninguno de los dos sugiriera ni una sola vez que les tocaba a los demás.
Yo estaba muy nervioso durante esos días. Tenía cosas que quería que ocurrieran de una manera determinada cuando llegara el momento.
Y David, que lo veía, ponía calma, sin anular mis preocupaciones, sin decirme que estaba exagerando. Escuchaba, respondía y volvía a lo importante.
También tomó una decisión que no me dijo explícitamente, pero que entendí después.
Sabía que dos de nosotros quizás no supiéramos qué hacer si nuestra madre fallecía de madrugada. Y sin hacer ningún drama por ello, sin señalar a nadie, asumió que esa situación la gestionaría él.
Cuando falleció nuestra madre, David tomó las riendas de todo. El papeleo con el hospital, el traslado, las llamadas al seguro, la funeraria... El velatorio en la residencia donde ella había vivido estos últimos años.
No improvisó. Sabía exactamente qué debía hacer y en qué orden. Y mientras lo hacía, seguía estando presente para nosotros.
Lo que más me ha sorprendido de David en todos estos días no ha sido sólo su competencia. También su aguante. Ocho noches sin quejarse. Conversaciones muy difíciles con médicos. Con muchos momentos de tensión, donde en muchos de ellos nos comíamos a los médicos por algunas cosas. Decisiones que nadie le había encomendado formalmente, pero que él sabía que si no las tomaba él, nadie las tomaría.
Y todo eso sin perder el tono, sin una sola mala cara, sin que en ningún momento sintieras que te estaba pasando factura por ello. Y esto... Es muy difícil de sostener. Y mi hermano David lo ha sostenido.
Cuando miro hacia atrás, no solo a estos ocho días, sino a estos tres años con nuestra madre en la residencia, lo primero que veo es un equipo. Hemos funcionado como un equipo. Y eso no ocurre solo. Alguien tiene que construirlo. Alguien tiene que cuidarlo cuando hay tensión. Alguien tiene que absorber más de lo que le toca sin ponerlo en la balanza.
Cuando llegó la crisis, mi familia tenía tres años de equipo detrás y se notó.
Lo segundo que me llevo es algo sobre la confianza en el líder.
Yo pregunté durante esos días, expresé algunas de mis dudas. Tuve momentos en que no estaba de acuerdo con cómo se estaban gestionando algunas cosas. O simplemente necesitaba más información para entender. Y poder gestionar lo que sentía.
Y David respondió siempre desde el diálogo, sin cerrarse, sin defender su posición como si fuera un territorio que había que proteger. Esto es lo que hace que un equipo confíe en quien lo lidera. No que el líder no se equivoque, sino que cuando alguien duda, encuentra espacio para preguntarlo.
Y que cuando alguien no está de acuerdo, puede decirlo sin que eso rompa nada.
Si estás liderando un equipo ahora mismo, o si formas parte de uno, hay dos cosas de esta semana que me parecen más importantes que cualquier concepto de liderazgo que haya podido compartir en este podcast.
La primera, que el equipo no se improvisa en el momento difícil. Se construye antes, en los días ordinarios. Las pequeñas decisiones de quién hace qué, y cómo se trata al que está al lado. Cuando llegue una crisis, lo que tendréis es lo que hayáis construido antes.
Y la segunda, cuando no entiendas algo, cuando no estés de acuerdo, cuando necesites más información para gestionar lo que sientes o lo que tienes que hacer, pregunta. Y no para desafiar a quien lidera, sino para que el equipo funcione mejor. Un líder que vale la pena siempre va a preferir que preguntes a que te quedes con la duda y actúes desde ella.
Mi hermano David, que lo lleva demostrando muchos años, me lo ha demostrado con creces durante esta semana. Y he tenido mucha suerte de haberlo visto de cerca.
Gracias David. A veces el liderazgo más importante no ocurre en una empresa.
Ocurre cuando la vida se complica y alguien, sin que nadie se lo pida, simplemente está.
Gracias por escuchar el trabajo real del líder.
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Cada semana analizo nuevos aspectos sobre cómo ser un mejor líder. Soy Enrique Martínez. Abrazos fuertes. Nos escuchamos en el próximo episodio.
Si tienes a alguien en tu vida que lidera así, ya sabes a quién enviárselo.
Nota: Siento si se me quiebra la voz en algún momento.
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