Hay adolescentes que sienten que su historia ya está escrita. No porque alguien se los haya dicho literalmente, sino porque algunas experiencias empiezan a hablarles todos los días: “Como mi familia es así, yo también voy a ser así”. “Como me rechazaron, nadie me va a querer”. “Como me fue mal, siempre me irá mal”. “Como cometí ese error, eso es lo que soy”. “Después de todo lo que me pasó, ya no puedo cambiar”. Y ahí está el verdadero problema: cuando un capítulo empieza a comportarse como si fuera el libro completo.
Este programa quiere romper esa idea. Lo que hemos vivido puede marcar nuestra historia, pero no tiene que determinar nuestro futuro. Dios puede tomar una historia marcada por dolor, rechazo, pérdidas o situaciones difíciles y darle un nuevo rumbo. Redefinir no significa borrar lo que pasó ni fingir que no dolió; significa permitir que Dios transforme lo que vivimos y la manera en que seguimos caminando.