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Pensando en cómo las emociones gobiernan nuestra vida desde que nacemos, pienso que todo es un tema de expectativas. El bebé que llora pidiendo alimento expresando una mezcla de tristeza e ira espera que llegue su madre a traerle el biberón o lo amamante. Cuando a ese mismo bebé, la madre le hace caras y mimos, espera que su niño sienta alegría.
Cuando llegamos a adultos, el aparato emocional sigue gobernando nuestras vidas. En este mundo globalizado, nos llama la atención la importancia que le dan las multinacionales a las emociones en cuanto a la experiencia del cliente. Si pensamos que un café Lavazza podemos disfrutar el mismo sabor en Roma, Barcelona o Montevideo dependiendo de esos granos 100% arábicos. Eso no evita que mis emociones cambien si ese camarero que me trae el café se tropiece al traerlo y ese café delicioso se derrama en mi mesa. Otra vez las expectativas.
Si estoy en un mal día y espero que el café calme esa ansiedad y ese día vertiginoso, quizá reaccione de forma iracunda, reclamando rápidamente un nuevo café. Pero si observe la cara de nervios del camarero, su postura incómoda y su rapidez en limpiar, quizá haga uso de la empatía y de la calma y le pida por favor si me puede traer otro café, mientras espero con una sonrisa.
Si un cajero automático se queda sin dinero, puedo ir a otro sin problema y sin queja o puede quejarme de tener que caminar una cuadra para encontrar otro. Pero de los cambios y de los errores humanos, ahí más que quejarme debo hacer uso de la paciencia y la compasión.
By Leticia BrandoPensando en cómo las emociones gobiernan nuestra vida desde que nacemos, pienso que todo es un tema de expectativas. El bebé que llora pidiendo alimento expresando una mezcla de tristeza e ira espera que llegue su madre a traerle el biberón o lo amamante. Cuando a ese mismo bebé, la madre le hace caras y mimos, espera que su niño sienta alegría.
Cuando llegamos a adultos, el aparato emocional sigue gobernando nuestras vidas. En este mundo globalizado, nos llama la atención la importancia que le dan las multinacionales a las emociones en cuanto a la experiencia del cliente. Si pensamos que un café Lavazza podemos disfrutar el mismo sabor en Roma, Barcelona o Montevideo dependiendo de esos granos 100% arábicos. Eso no evita que mis emociones cambien si ese camarero que me trae el café se tropiece al traerlo y ese café delicioso se derrama en mi mesa. Otra vez las expectativas.
Si estoy en un mal día y espero que el café calme esa ansiedad y ese día vertiginoso, quizá reaccione de forma iracunda, reclamando rápidamente un nuevo café. Pero si observe la cara de nervios del camarero, su postura incómoda y su rapidez en limpiar, quizá haga uso de la empatía y de la calma y le pida por favor si me puede traer otro café, mientras espero con una sonrisa.
Si un cajero automático se queda sin dinero, puedo ir a otro sin problema y sin queja o puede quejarme de tener que caminar una cuadra para encontrar otro. Pero de los cambios y de los errores humanos, ahí más que quejarme debo hacer uso de la paciencia y la compasión.

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