Dios hizo tu corazón. ¿Puedes creerlo? Dios hizo este centro de vida que desde tu pecho bombea, oxigena y regula tu bienestar. En hebreo la palabra corazón fue usada para describir sentimientos, intelecto y la voluntad refiriéndose al centro de cualquier cosa. ¿Sabes cuánto dolor ha recibido tu corazón, el centro de tu voluntad, de tu intelecto y de tus sentimientos? Y todavía ruge, bombea o al menos trata. ¿Qué hacer cuando este centro es un corazón que desmaya y desfallece? ¿Qué hacer cuando es un corazón cansado, quebrantado, triste sin razón o insatisfecho? ¿Qué hacer cuando es un corazón rebelde, insistentemente pecador, traicionero de uno mismo? El meollo del asunto Nuestra cultura ha relegado la importancia de la existencia y la toma de decisiones al reino de las emociones. Muchos dicen: “Haz lo que te dicte el corazón”, y aunque podría haber un aparente sentido de autenticidad en esto, ciertamente nuestro corazón no es un centro confiable de información ni mucho menos, nuestro mejor consejero. La Palabra afirma que: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer. 17:9-10). Tu corazón necesita a Jesús No solamente es por causa de la caída que nuestro corazón no es un recurso de apoyo fiable. Nuestro corazón, que es el centro de nuestra voluntad, nuestro intelecto y emociones, está diseñado para encontrar satisfacción solo en Dios. No está diseñado para ser una fábrica de ídolos, sino para ser centro de una adoración sublime. No está diseñado para ser un cuartel de melancolía y auto complacencia, sino de oxigenación intelectual, creativa y centro de apoyo al necesitado. Está diseñado para ser centro laborioso de acciones para Su gloria, un lugar de descanso y contentamiento en Dios y en la búsqueda constante de glorificarlo a Él. ¿Te has encontrado, como yo, rodeado de un esplendor de un amanecer radiante y no tienes emociones adecuadas de cómo responder de acuerdo a lo que estas viendo? Estás aletargado, soñoliento, inmune. Pablo oraba para que fueran alumbrados los ojos del centro de la voluntad y el intelecto de aquellos cristianos que estaban en la iglesia de Efesios. Pablo oraba: “...alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Efe. 1:18). Es posible conocer y disfrutar algo de nuestra esperanza y herencia en Dios a través de Jesús cuando es alumbrando nuestro corazón en el poder del Espíritu Santo. Desde el extremo de la tierra Posiblemente, en este Salmo 61, David escribía buscando refugio de Absalom. Su hijo traicionó a David por razones políticas y ahora lo convoca para amenazarle y quedarse con su trono. David le imploraba a Dios diciendo: “Llévame a la roca que es más alta que yo” (v. 2). Interesantemente, usa en el principio de este verso “Desde el cabo de la tierra clamaré a ti”, y parece como decir: “clamo a ti desde el fin del mundo” o “te llamo desde lo más lejos que puedo estar de ti” o “me siento tan alejado como si estuviera en una isla solitaria llamando por tu ayuda”. Lejos. Puedo imaginarlo en los desiertos desfalleciendo, sudando, cansado. Desde ese extremo en el que ya no puedes más, tu corazón clama al Señor por ayuda. David le dice: “Llévame a la roca que es más alta que yo”(v. 2). Oh qué roca sublime, la roca inconmovible de los siglos, la piedra que desecharon los edificadores, la roca que vino a derribar todos los reinos. Esa roca, Jesús, es mucho más alta que tú. La única en que te puedes apoyar y refugiar.