«El lenguaje es la casa del ser» — Martin Heidegger
“Cuiden las malas palabras…. Las vamos a necesitar” Fontanarrosa
Hablar mal no cuesta un carajo … y tiene el beneficio de la gran pu**
Esta irónica frase circulaba hace unos años entre la muchachada que se divertía transgrediendo (tímidamente) la importancia que maestros y familiares daban a un lenguaje correcto y educado.
Hasta personas analfabetas practicaban la cortesía y daban lecciones de respeto:
✨ “Se dice gracias”
“Saludá a la señora”
“Se pide por favor”
“No grites”
Si viviste en aquella época, te pido que recuerdes: un funcionario, locutor, periodista o cualquier figura pública no duraba ni 24 horas frente a un micrófono después de decir una grosería, un insulto o una vulgaridad.
Esos deslices estaban reservados a espacios adultos, marginales, y quizás por eso eran más catárticos y hasta liberadores. “mis primos decían, vamos a jugar al tío Berto. Entonces se encerraban en una pieza y se ponían a putear» cuenta Fontanarrosa en su célebre discurso sobre las “malas palabras”
Hoy, desde el presidente hacia abajo, la grosería se instala camuflada bajo el prestigio de lo espontáneo, como si no tener filtro fuera sinónimo de autenticidad.
Te comparto solo una muestra del lenguaje que nuestro presidente usa:
A Martín Kulfas: “pedazo de mierda, por qué no estudiás, h.d.p.”
A Horacio Rodríguez Larreta: “zurdo de mierda, te aplasto, sorete, gusano arrastrado, pelado asqueroso de mierda”
A Axel Kicillof: “enano diabólico”, “pelotudo”, “burro eunuco”, “pichón de Stalin”, “zar de la miseria”
A Mauricio Macri y su gabinete: “pelotudo”, “torre de estiércol, pedazo de mierda”
A Martín Guzmán: “inútil, no decís un porongo, mentiroso h.d.p. y la c. de tu madre”
A Joseph Stiglitz ( Premio Nobel) : “pelotudo”
A Gerardo Morales: “parásito de mierda, la c. de tu madre, chorro h.d.p.”
A Fernando Iglesias: “tontito, bobito, pedazo de pelotudo, te hacés el boludo, la c. de tu madre, estúpido, idiota”
A Leandro Santoro: “chorro y burro”
A Daniel Lipovetsky: “parásito chupasangre”
Me abstuve de ciertas frases irreproducibles …
Fuentes: Wikipedia, Perfil, Infobae, El País.
Parece que los tiempos han cambiado. Agredir, humillar e insultar ya no tiene consecuencias negativas. Por el contrario, se va imponiendo como una forma válida de hablar… incluso entre quienes antes jamás lo hacían.
Orcos, mandriles y trolls van poblando nuestro discurso público. Ser educado no tiene rating
Algunos defienden esta violencia verbal como parte del folclore político, una especie de tribuna de fútbol. Según esa lógica, la gente sabría separar esos exabruptos del lenguaje cotidiano.
❗ Pero las investigaciones (incluso de universidades internacionales) desmienten esa idea:
Naturalizar la violencia verbal, banalizar las palabras y empobrecer el lenguaje tiene consecuencias concretas, duraderas y profundamente negativas.
Te sorprendería saber lo corrosiva que puede ser, para la mente individual, para el tejido social y para la prosperidad de los pueblos, la decadencia del lenguaje.
Sea cual sea el modelo político o económico que elijas, NO hay ninguna necesidad de soportar este drenaje burdo y pestilente de palabras que se expande matando una de las capacidades más sublimes de la mente humana: la de simbolizar a través del lenguaje.
¿Lo hablamos?
Me gustaría saber tu opinión. Y conversarlo