La vida del creyente del s. XX, al igual que la de los del s. I, está rodeada de tentaciones y oportunidades para “resbalar”.
Cada uno de los hijos de Dios fue dotado con la presencia del Espíritu Santo que le da el poder para tener “dominio propio” sobre sus pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones.
Entre mayor “conocimiento” se tenga del deseo de Dios (leyendo las Escrituras), se gozará de una más claridad para diferenciar entre lo “bueno” y “malo” según el criterio divino, practicando así el “bien” y apartándose del “mal”.
Presentado por el Pastor Abraham Capitaine.