Los independientes ganan terreno. Los partidos tradicionales no llegan al 50% de los votos. ¿Y la izquierda? En el ejemplo de Chile se ve que junto a la izquierda tradicional, una nueva izquierda, con una agenda más vinculada a los temas indígenas, de género y medioambientales, se abre paso. A veces, ambas convergen. Y entonces pueden ganar.