Cuando un suceso extraordinario ocurre en unas circunstancias ordinarias, lo normal es que nos hagamos muchas preguntas. Ignasi Grau saludó a su compañero de tren antes de que iniciara su ruta Milán-Roma, y aún seguía el vagón en el andén cuando ese personaje anónimo, al que tan solo le había saludado con un sencillo "hola", caía desplomado ante él y fallecía unos minutos más tarde.
Tan luctuoso desenlace no llevó a Ignasi ha plantearse preguntas, sino a coleccionar conclusiones: desde la cotidianidad de la muerte a revisar cómo vivir su vida, la misma que vivía, sin cambiarla, con una nueva perspectiva que le diera sentido. Desde lo más sencillo a lo más grandioso, si se diera el caso.
Un hombre lleno de tareas y reuniones, viajes de todo tipo y a todas partes, encuentra un sentido profundo en este suceso de su vida, algo extraordinario aunque al mismo tiempo muy natural: la muerte.
La canción mantiene ese espíritu alegre del invitado que por nada del mundo se deja arrastrar por el pesimismo o, mucho menos, por el azar aleatorio de los fatalistas.
Ignasi Grau es Director General de OIDEL (Promotion droit à l'éducation et libertés éducatives. ONG avec statut consultatif auprès UN et UNESCO) donde desarrolla una interesantísima actividad en el entorno de la educación.