Andrés Jiménez de la Cuesta es un empresario y padre de familia que desde muy joven hubo de esforzarse por forjarse un futuro prometedor y una familia feliz. Los altibajos se sucedieron irremediablemente, como a él le gusta decir, llegaban "como la vida misma".
Llegó a codearse con importantes directivos y expertos en recursos humanos, cazatalentos de las multinacionales más encumbradas. Pudo escuchar los consejos más sabios, sagaces e inteligentes que estos profesionales acumulan en años de experiencia. Él mismo se puede considerar uno de ellos.
Sin embargo, la vida se complica siempre un poco más de las expectativas que nos programamos. Parece que nunca salimos de la espiral del vértigo en forma de estrés o ansiedad que nos hace sentirnos frágiles por mucho estatus que hayamos acumulado.
Hasta que un buen día, Andrés descubre que la persona que realmente le da paz y sosiego la tiene muy cerca de él y que con sus 10 años y sus breves frases le iluminan el camino como nadie lo hizo antes. Descubre que Carmen, su hija, es su persona vitamina y le acompaña todos los días al colegio: un privilegio para su alma.