Torneos como la Copa del Mundo son muy cortos. Las selecciones pueden jugar un máximo de 7 partidos en un mes de competición. Es decir, en términos prácticos son pocos partidos, a diferencia de las ligas domésticas y competiciones locales y continentales de clubes, en las que son muchísimos más partidos a disputar y suele premiarse la regularidad en 10 meses.
En un Mundial de fútbol, a pesar de no haber casi margen para el error, no se hace tan importante hacer un juego particularmente vistoso y las defensas son las protagonistas. Los esquemas, principalmente. Esto aumenta las posibilidades de equipos medianamente ordenados pero que en ataque tienen un plus, algo más y mejor que la competencia. Y en este sentido Argentina, Francia y Portugal pueden tener algo qué decir.