Hoy vivimos en un mundo acelerado. Todo corre, todo urge, todo presiona. Pero en medio de ese ritmo, Dios sigue llamándonos a detenernos, a apartarnos, a buscarle en lo secreto. Porque es ahí donde encontramos dirección, paz y fuerza.
La oración no es solo hablar, es también escuchar. Es abrir el corazón y permitir que Dios ordene nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras decisiones. Es en ese espacio donde el cielo toca la tierra.