Hállase el Poeta, cuando vuelve en sí, cuya pena consiste en estar metidos en el fango, atormentados al mismo tiempo por una fortísima lluvia mezclada de granizo, y guardados por el Cancerbero, que ladrando con sus tres fauces, los irrita y aflige continuamente. Entre dichos glotones, encuentra a Ciacco, con el que habla de las discordias de Florencia. Finalmente baja al cuarto círculo.