Aprendamos a usar nuestro cuerpo para el bien, a luchar por lo que vale la pena y a defender lo verdaderamente importante, para que el orden de Dios llegue a nuestros hogares, ciudades y a toda la sociedad.
Debemos permanecer en vela porque mientras estamos distraídos suceden cosas importantes: se instala el pecado en la sociedad o tal vez llega la hora de la gracia y la bendición.