Hoy día necesitamos abrirnos al Espíritu Santo y a su verdad para discernir y conversar con entera honestidad y libertad para que Dios haga su obra, así como la hizo en el siglo I.
Descubre y ríndete al amor de Cristo hasta que sientas que te embriagas de Él, te enloqueces de amor por Él y luego permanece en ese amor para descubrir que la obediencia no es tan complicada.