Somos hijos de la Pascua por lo que no nos vendemos ni tenemos temor al príncipe de este mundo. Habitados por la paz del Señor y siguiendo los pasos de su obediencia proclamamos la victoria frente al enemigo.
Hoy necesitamos que con caridad pero con enorme claridad se haga ver que las idolatrías, poderes, placeres de este mundo y las demás religiones no son la religión verdadera, que solo hay un Dios verdadero.