El Tiempo Pascual es ocasión para acoger el abrazo del Padre y sus dones: el Hijo en la Pascua y el Espíritu en Pentecostés. Pero también es un llamado a no darle la espalda al Señor rechazando su gracia.
Jesús en su presencia eucarística está vivo, te escucha, te habla al corazón y te aconseja. Todo católico debe vivir la experiencia de un silencio amoroso y una adoración profunda a la Eucaristía, que transforma la vida.