¡Aliméntate de la victoria divina! Aliméntate de la carne glorificada de Pascua, del cuerpo de Cristo porque solo en la Eucaristía está plenamente la victoria del Señor y nuestra salvación.
Jesucristo es el signo supremo del amor, cuidado y providencia de Dios Padre; Nuestro Señor despierta nuestra fe para confiarle la vida y guiarnos seguros hacia la eternidad.