La hipocresía y la idolatría del poder se contagian y corrompen el corazón. Solo la humildad, la oración y la vida en Dios nos preservan de esa levadura que arruina la vida.
Es correcto pedir a Dios una señal cuando existe una duda sincera y se busca luz para actuar con rectitud. No es correcto pedirla para imponer condiciones o rechazar el camino que Dios ya ha mostrado claramente.