El ayuno nos hace reconocer nuestra dependencia de Dios para vencer la soberbia y dominar el placer. Bien vivido, combate el egoísmo y ordena el corazón para amar con generosidad.
La vida es más que sobrevivir: solo vale plenamente cuando se orienta a Cristo y a lo que supera la muerte. Quien la entrega por Él, vencedor de la muerte, encuentra el verdadero sentido y la vida eterna.