¿Acaso hay alguien libre de adversidades en este mundo? ¡No lo creo!
En este episodio les comparto cómo viví, en las dos últimas semanas, una posible fractura de coxis y la pérdida temporal de mi herramienta más preciada: mi voz.
El problema no es la adversidad por la cual atravesamos, sino los ojos con los que la miramos. No podemos contener la avalancha de pensamientos que nos llegan a la mente cada minuto, pero lo que si podemos hacer es contemplar lo que esta sucediendo en nuestra cabeza y a nuestro alrededor. Cuando un pensamiento intrusivo se queda merodeando en la cabeza, nos ocasiona la detonación de alguna emoción asociada con lo que estamos pensando y desde ahí, reaccionamos.
En situaciones adversas, la avalancha es aún más tormentosa. El ego nos entrega todas la evidencias que nos llevan a sentirnos de la manera en la que a veces nos sentimos. Nos lleva a avalar esa historia que nos hemos contado con fuerza, y entonces llega un día en el que nos cansamos de vivir en ese lugar. ¡Ya se vuelve demasiado incómodo y de mucho sufrimiento! Ese lugar de incomodidad es único como tú, como yo, como nuestra historia.
Yo me cansé de vivir ahí, de sólo ver a mi alrededor problemas, conflictos y dramas. Ahora, cuando mi mente me quiere arrastrar a un mundo de pensamientos que no me han funcionado, paro. Respiro muy hondo, tan hondo como me sea posible, y cuantas veces sea necesario. Es la única manera en que logro llegar a un espacio de tranquilidad y curiosidad que me permite cuestionar con honestidad, reflexionar, buscar, y finalmente encontrar paz.
¡Me faltó tiempo para contarles como viví esta situación en mi vida como un experimento! Les prometo que en el próximo capítulo será.
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