Hay una frase en el Evangelio que atraviesa los siglos con una fuerza imposible de ignorar. Una frase que no es solo una promesa… sino una revelación profunda sobre la vida, la muerte y la esperanza.
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.”