Hoy vamos a hablar del amor que duele.
Del amor que confunde.
Del amor que no siempre es sano.
Del amor que se clasifica… como si fuera una especie en peligro de extinción.
Porque el libro que tenemos hoy en la mesa se llama La taxonomía del amor. Y cuando uno escucha “taxonomía” piensa en biología, en clasificación de especies, en ordenar la vida en categorías.
Y entonces surge la pregunta detonadora:
¿Se puede clasificar el amor?
¿Se puede poner en una tabla algo que nos desarma?