Existen momentos en que, sentados en la mesa, tendremos que escuchar ciertas verdades incómodas que nos desafiarán a dejar a un lado nuestro orgullo y religiosidad; nos llevarán a quitarnos el tronco de los ojos, pero no para juzgar, sino para ver al prójimo como Dios le ve. Esta mesa puede que sea un poco incómoda. Esperamos de todo corazón que te incomode lo suficiente como para provocar un cambio.