Lulú Campos y Cesar Soto, luego de reflexionar, se llegó a esta conclusión: Ni los ritos pomposos, ni los conocimientos abstractos, ni las afiliaciones formales a determinada religión o iglesia, ni los sacrificios ascéticos; nada de eso que tanto hemos oído y predicado contienen el deseo primordial del Señor. Lo que él espera es muy práctico y concreto: que actuemos con justicia, amemos sin reservas y practiquemos la misericordia.