La agente Fonseca cuenta la historia de una “detectiva”, como le gusta que la llamen, que es asignada al caso de la desaparición de Dayanis y está convencida de que las personas (familiares y vecinos) esconden algo sobre esta desaparición.
Fonseca no toma vacaciones, es la mejor entre las mejores y se apasiona por cada caso que le asignan; porque gracias al trabajo puede escaparse de sus propias miserias. Por otro lado, está convencida de que ya no hay vuelta atrás y de que los seres humanos se acabarán condenando a sí mismos.
Esta forma de pensar solo se difumina cuando está trabajando, sin embargo, cada caso que resuelve la regresa a ese pensamiento, como la serpiente que se muerde la cola.
Pasados tres días desde cuando Fonseca asumió el caso, el tío de la víctima se declara culpable de la desaparición de la niña, aunque luego de hacerlo no vuelve a decir palabra. Esto va en contra de lo que las investigaciones estaban revelando, lo que revuelve el estómago de la detective, que no se queda conforme con esta resolución.
Para investigar más a fondo, hace algo fuera de lo común: decide tomar vacaciones, y de esta forma puede lograr profundizar en el asunto, siguiendo una corazonada que podría cambiarle la vida.